Vivamos Nuestra Misión, por Amor a Cristo

Vivamos Nuestra Misión, por Amor a Cristo

Jesús es nuestro modelo de “misionero,” nuestro Maestro y quien nos muestra el camino y la verdad. Desde el comienzo, desde su propio hogar y entorno, ha llevado a cabo su misión hasta culminar en el Calvario, en la Cruz, en el Sepulcro, en su Resurrección y en gloriosa Ascensión al cielo. Los apóstoles también cumplieron su misión llevando la historia de la vida de Jesucristo al mundo conocido, hasta que con el tiempo se llenó el planeta con el Evangelio.

Hoy, misiones y misioneros llenan el mundo con el testimonio de Jesucristo, y sin embargo muchos a nuestro alrededor no conocen a Jesús. Piensan que conocen el Cristianismo, pero en cuanto se profundiza sobre la doctrina de la salvación, se comprueba que realmente no conocen o no viven en el Evangelio y en la gracia de Jesús en la Eucaristía. Cumplir la misión de Dios puede llegar a ser más sencillo de lo que imaginamos. A veces pensamos que para llevar a cabo una misión realmente relevante hay que hacer lo más difícil. Muchas veces pensamos que si no viajamos miles de kilómetros, disponemos de recursos económicos sin límite, o contamos con la mejor infraestructura logística eclesial, no podremos hacer la obra de Dios.

Y aunque las misiones en el mundo de hoy son diversas, no lo son mucho más que en tiempos de Cristo. Cuando Jesús dejo su misión a los apóstoles, les equipó con una cualidad, un don que todo misionero necesita, la fe. Sin la fe que requiere servir a Dios, poco podríamos hacer. Esa fe nos lleva a una relación con Dios diariamente, en la que en todo momento podemos mantener una relación directa con el Padre, por el Hijo, a través del Espíritu Santo. Si es así como lo experimentamos, nunca dejaremos de dar frutos y cumplir con nuestra misión.

No olvidemos, sin embargo, que para llevar el Evangelio y la obra de Dios al mundo podemos dar testimonio de nuestra vida tanto con las personas con las que convivimos, como también con las que están muy lejos, al otro lado del planeta, las cuales también necesitan a Cristo. Así comprobaremos, además, que no hay diferencia entre el pobre y el rico, o el que sale adelante, pues todos necesitamos la salvación, la paz y el amor de Dios en nuestras vidas, no solo en la eternidad, sino en la vida diaria. Con estas bendiciones tendremos además el amor, la ayuda y la amistad de nuestra familia en Cristo.

Así que, “Ofrezcamos a Dios en todo tiempo, por medio de Jesús, el sacrificio de alabanza, que consiste en celebrar su Nombre. No se olviden de compartir y de hacer el bien, pues tales sacrificios son los que agradan a Dios.” (Hebreos 13: 15-16).

Invitacion-Mision Bolivia